Fuente, INAH.
domingo, 17 de junio de 2012
Se cumplen 60 años del descubrimiento de la tumba de Pakal
Fuente, INAH.
sábado, 9 de junio de 2012
Exhiben entierro milenario de gobernante maya
Los enseres mortuorios que acompañaron hace más de 1,000 años al señor Kalom ´Uk´uw, gobernante maya de la ciudad prehispánica de Dzibilchaltún, en Yucatán, cuyo entierro fue descubierto en 1994 por arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), se exhiben por primera vez reunidos en un montaje que explica la importancia de este personaje y los orígenes del nombre de dicha urbe.
Los objetos forman parte de los nuevos acervos que presenta el Museo del Pueblo Maya de la Zona Arqueológica de Dzibilchaltún, reabierto al público hace unas semanas, luego de un proceso de reestructuración mediante el cual se actualizaron sus contenidos y museografía.
Una de las piezas más importantes del ajuar funerario en exhibición es un hueso de una especie pequeña de venado (yuc) —de apenas 20 cm de largo—, que tiene impresa en bajorrelieve una escena alusiva al inframundo, y un texto de 12 bloques jeroglíficos escritos en doble columna.
El texto jeroglífico sigue el patrón de los “rótulos de nombre”. En los primeros bloques, la escritura indica el objeto, denominado ú-hach-ih bak (el hueso raspado de) y el nombre del dueño, que consta de cuatro signos con valor fonético (deferencia relevante en el sistema de sonidos de dos idiomas): kalom, que significa “el que abre”, de acuerdo con el arqueólogo Maldonado, un título que se atribuye a Chaac, dios maya de la lluvia; el siguiente glifo se compone de tres signos que se leen ´u-k´u-wi, donde uk significa llorar, beber o tener sed.
El nombre completo se refiere al dios Chaac como abridor de las nubes para que caiga la lluvia, y probablemente alude a la función de su portador como sacerdote o chamán hacedor de lluvia, explicó el especialista.
Además del nombre del gobernante de las tierras bajas del norte (Kalom ´Uk’uw), el hueso de venado contiene el glifo emblema del sitio de Dzibilchaltún, cuyo símbolo —hasta la fecha— sólo se ha localizado en tres textos, uno de los cuales corresponde a esta pieza.
A decir del arqueólogo, esta pieza con jeroglíficos es altamente significativa, porque la inscripción es la más completa encontrada hasta el momento Dzibilchaltún, y prueba además que los gobernantes del norte de lo que hoy es el área maya, seguían patrones funerarios semejantes a los que practicaba la nobleza de la zona sur de esta antigua civilización.
El investigador Rubén Maldonado comentó que en la nueva museografía del Museo del Pueblo Maya también se presentan cinco de las 20 vasijas que integraban dicha ofrenda; una de ellas es la que contenía los fragmentos de huesos y cenizas del gobernante incinerado.
El señor Kalom 'Uk'uw es el gobernante mejor conocido de Dzibilchaltún. Se sabe que dirigió los destinos de la urbe maya por lo menos durante un periodo de 20 años, a fines del siglo VIII o principios del IX, anterior a 840 d.C. Su nombre está identificado en tres elementos del sitio arqueológico: en el hueso de venado con jeroglíficos, en un dintel y en el monumento denominado Estela 19.
En dicha estela el soberano se ve de perfil y luce un tocado que representa al dios Chaac, acompañado de una hilera de glifos con una inscripción que refiere el nombre de Kalom ´Uk´uw Chan Chak, gobernante de Ch´iy Chan Ti Ho´.
Además se exhibe el cajete con el que estaba tapada la vasija que contenía los restos del dignatario. Es un recipiente de cerámica policroma, procedente del área maya del Usumacinta, en su exterior tiene plasmado a un personaje de alto rango, de cuya boca sale una voluta y en la mano derecha sostiene un signo que alude a una estrella.
El entierro del señor Kalom ´Uk´uw se localizó durante las exploraciones efectuadas en 1994, debajo del piso del cuarto central de la Estructura 42, ubicada en la Plaza Central de Dzibilchaltún; se componía de cuatro ollas que contenían cenizas, los recipientes estaban tapados con platos trípodes; la vasija de mayor tamaño guardaba los restos del gobernante.
El arqueólogo Maldonado explicó que fray Diego de Landa registró, en el siglo XVI, el dato de que los mayas de Yucatán enterraban a sus muertos con ofrendas dentro de sus casas, y que “los cuerpos de los señores y gente de mucha valía eran quemados y sus cenizas colocadas en vasijas grandes, y sobre ellas edificaban templos.
El Museo del Pueblo Maya se ubica dentro de la Zona Arqueológica de Dzibilchaltún, en Yucatán. Horario: lunes a domingo, de 8:00 a 16:00 horas. Costo: 55 pesos. Entrada libre a maestros, estudiantes, niños menores de 13 años, pensionados, jubilados, maestros y estudiantes con credencial vigente. Domingo: acceso libre a público nacional y extranjeros residentes.
viernes, 8 de junio de 2012
Descubren otra punta clovis en el norte de México
Una nueva punta Clovis de alrededor de 12,000 años de antigüedad y en perfecto estado de conservación fue descubierta en el sitio arqueológico Fin del Mundo, en el semidesierto de Sonora, considerado un paraíso del periodo Pleistoceno Terminal, donde grupos de cazadores-recolectores elaboraron herramientas de piedra y practicaron la cacería de grandes animales hace 10,000 y 12,500 años.
El descubrimiento se registró durante la cuarta temporada de exploraciones arqueológicas efectuada en la primavera de este año, en la que se dio continuidad a la excavación de la Unidad 1, donde desde 2007 hasta la fecha se han encontrado diversas herramientas de lítica tipo Clovis y huesos de dos ejemplares de un animal extinto, llamado gonfoterio (parecido al mamut), lo que permite advertir una escena de cacería del Pleistoceno.
La punta Clovis es un tipo de herramienta elaborada en piedra por los grupos Clovis, considerados por mucho tiempo los primeros pobladores del continente americano, cuyos vestigios se han fechado en alrededor de 12,000 años, correspondiente al periodo Pleistoceno Terminal.
La arqueóloga Guadalupe Sánchez, directora del proyecto de investigación en Fin del Mundo, desarrollado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) con apoyo de la Universidad de Arizona y National Geographic Society, destacó que el descubrimiento de esta nueva punta de proyectil se suma a otros ocurridas entre 2007 y 2011, “y viene a reforzar la idea de que en este sitio del norte de México habitaron los Clovis por largo tiempo y que debieron cazar gonfoterios, un animal cuyos restos no se habían encontrado en relación con el hombre en América.
La punta de proyectil, abundó la arqueóloga del INAH, se descubrió a ocho centímetros por debajo del contexto donde en 2008 se halló una mandíbula y fragmentos del cráneo de un gonfoterio; debajo y alrededor de esta pieza lítica había gran cantidad de pedazos de diente —de entre 1 y 2 cm de largo—, que podrían pertenecer al maxilar de este mismo proboscídeo (antepasado del elefante).
El artefacto, elaborado en riolita, se halló en perfecto estado de conservación, mide 11 centímetros de largo, tiene la base cóncava, esta pulido y sus bordes aún tienen filo, por lo que los arqueólogos piensan que el cazador pudo perderlo durante el forcejeo con el animal.
Guadalupe Sánchez indicó que además de la punta Clovis, durante la más reciente fase de exploración en el sitio arqueológico Fin del Mundo, también se descubrieron cuatro fragmentos de carbón, que estaban en el mismo estrato donde se encontró la punta; “tal vez ese carbón se convierta en el hallazgo más importante de la temporada de investigación, porque da la oportunidad de fechar con precisión el evento de cacería que estamos identificando que, de manera preliminar, hemos calculado de una antigüedad de entre 10,000 y 12,500 años”.
Además, añadió, a través de recorridos sistemáticos de superficie, es decir, la búsqueda meticulosa sobre el suelo, se registraron cuatro nuevos puntos con vestigios arqueológicos. “En dos de ellos, ubicados en las inmediaciones de Fin del Mundo, se identificaron campamentos Clovis. En el primero, denominado Localidad 10, se encontraron tres bases de puntas de proyectil (es decir la herramienta rota sin la punta) y otros artefactos líticos de la misma filiación cultural: una preforma (piezas que no fueron terminadas), tres raspadores y navajas; en tanto que en el segundo, llamado Localidad 23, se hallaron dos preformas y un raspador.
La arqueóloga Sánchez resaltó que en este último punto del sitio, se efectuaron diversas pruebas con un barreno, cuyos resultados arrojan una alta probabilidad de que existan contextos arqueológicos enterrados, por lo que se prevé su excavación en próximas temporadas.
En lo que se refiere a los otros dos puntos descubiertos, que los especialistas han denominado como Localidad 21 y Localidad 22, la experta del INAH especificó que se trata de un par de lomas ubicadas en el sector Este del sitio, en cuya superficie hay grandes rocas de riolita. Junto a estas piedras se encontraron núcleos subprismáticos, lascas grandes y desechos de talla, indicativos de que se trata de yacimientos de explotación de riolita.
“Muchas de las herramientas (bifaciales grandes, preformas y por lo menos dos puntas de proyectil Clovis) están elaboradas en riolita, seguramente los grupos Clovis de Fin del Mundo utilizaron los yacimientos de las localidades 21 y 22 para hacer sus artefactos”.
Hasta la fecha, en Fin del Mundo se han encontrado un total de 25 puntas Clovis (seis de ellas completas, todas en la Localidad 1), así como otras herramientas líticas de la misma filiación cultural, que consisten en 45 raspadores, 31 navajas, cuatro núcleos de navajas y 38 bifaciales.
Cabe recordar que este sitio está compuesto por varias localidades de importancia arqueológica, geológica y paleoambiental que se han descubierto de manera paulatina entre 2007 y 2012; en una de ellas se registró el evento de cacería del gonfoterio, ocurrido posiblemente hace 10,000 y 12,500 años; las otras tres áreas se han definido como campamentos, y dos de éstas son yacimientos de riolita.
“Todos estos lugares hacen de Fin del Mundo uno de los sitios Clovis más importantes del oeste de Norteamérica y el más importante de México”, destacó Guadalupe Sánchez, al concluir que el estudio de este sitio es de gran importancia para la historia de Sonora y de México, toda vez que contiene depósitos preservados en los que se pueden observar algunos aspectos del comportamiento de los primeros hombres que poblaron el continente, amén de que brinda un registro detallado de la fauna, flora y los cambios climáticos extremos que ocurrieron al terminar la época glacial, y de cómo comenzó a formarse el desierto sonorense.
*Fuente. INAH
viernes, 18 de mayo de 2012
Los murales de Chii`k Naab: Calakmul. La conservación de pintura mural en clima tropical.
| Foto: Ramón Carrasco Vargas. |
Uno de los principios a seguir fue la creación de una cubierta que permitiera no sólo proteger y conservar las pinturas, sino integrar al basamento al entorno urbano, respetando la estructuración urbanística, con el fin de establecer una conexión homogénea entre los edificios y espacios exteriores. Se buscó entonces establecer una renovación funcional que permitirá conservar la armonía urbanística y la tipología constructiva de los edificios. Además de la cubierta también se aplicó la propuesta innovadora de la utilización de nanopartículas de hidróxido de calcio, lo cual implica una reducción en las partículas en suspensión.
*Fuente. http://whc.unesco.org/es/actividades/685/
miércoles, 16 de mayo de 2012
Hallan en Guatemala antiguo calendario astronómico maya
martes, 20 de marzo de 2012
Machu Picchu se llamaba Patallaqta
Quien asegura tener pruebas de esto es la historiadora española Mari Carmen Martín Rubio, basándose en un texto en el capítulo XXXII de la Suma y narración de los incas, la crónica de Juan de Betanzos. En él se dice que el inca Pachacútec, forjador de la máxima expansión del imperio del Tahuantinsuyo, pidió ser enterrado en “sus casas de Patallaqta”. La afirmación exige explicaciones. “Aparentemente hay una contradicción porque Pachacuti (prefiere esta denominación a la de Pachacútec) dice a la vez que quiere que su cuerpo quede en el templo principal de Coricancha, en el Cuzco. Un lugar donde se exhibían para el culto las momias de los gobernantes incas. Lo recogen otras crónicas, como las de Sarmiento de Gamboa, Pedro Acosta y también Polo de Ondegardo, que encontró la momia de Pachacuti y la llevó a Lima, donde la vio el inca Garcilaso de la Vega. Pero Betanzos dice que lo enterraron en una vasija de barro en Patallaqta”. Según la historiadora, al morir un inca se hacían al menos dos bultos. Uno era el cuerpo embalsamado, el otro contenía algunos órganos y los recortes de pelo y uñas de toda su vida.
“Pachacuti no solo era un gran guerrero, sino mejor administrador y guía religioso. Llegó a estructurar una sociedad cuasi perfecta. La ciudadela que mandó construir en Patallaqta, en la ceja de selva, era el centro administrativo de un territorio muy fértil aunque de escarpadas montañas. Allí se construyó un sistema de terrazas escalonadas, conocidas como andenes, donde se sembraron grandes provisiones. El nombre de Machu Picchu significa ‘montaña vieja’. Sin embargo, en quechua montaña se dice orqo. Picchu es un derivado de ‘pico’, en castellano. No es su nombre original”, puntualiza.
Martin Rubio encontró en 1987 en la biblioteca Bartolomé March, de Palma de Mallorca, 82 capítulos de la Suma y narración de los incas, de Juan de Betanzos, escrita en 1551, de la que solo se conocían 18. Se trata de una crónica de la conquista desde el punto de vista de los incas encargada a este temprano traductor del quechua por el virrey Antonio de Mendoza para conocer la genealogía de sus gobernantes anteriores. La situación de Betanzos era privilegiada para este fin. Hidalgo de origen gallego y vasco, Juan Díez de Betanzos Arauz se casó con la prima y esposa principal del inca Atahualpa, Cuxirimay Ocllo, bautizada como Angelina Yupanqui. Bisnieta de Pachacuti y casada con el último inca poco antes de su ejecución en 1533, la joven viuda contrajo matrimonio después con Francisco Pizarro (unos 40 años mayor), con quien tuvo dos hijos. Tras el asesinato del conquistador en 1541 —ella contaba entonces entre 20 y 25 años— , se casó con Betanzos, con el que llegó a tener tres hijos. Ella le proporcionó acceso a los viejos nobles y maestros incas, quienes le relataron de primera mano la historia de su pueblo.
La teoría del nombre de Patallaqta no es nueva, pero este documento la confirma, según Martín Rubio. Así lo corrobora el historiador y arqueólogo peruano Federico Kaufmann Doig, que actualmente supervisa un libro monumental sobre Machu Picchu. Él considera factible que Patallaqta haya sido el nombre original.
Situada entre dos imponentes montañas a 2.360 metros sobre el nivel del mar, rodeada de quebradas y ante el profundo cañón del río Urubamba, la ciudadela contaba con menos de 400 habitantes. “Allí se redistribuía, almacenaba y contabilizaban productos de la tierra. Los campesinos eran mitimaes, reclutados en otras regiones para estas tareas. Los tributos que se les exigían eran muy altos y con frecuencia se sublevaban. La presencia de Pachacuti, que los doblegó, era importante para mantener el orden. El culto a los muertos justificaba su presencia”, afirma la historiadora.
Martín Rubio, que hizo su tesis doctoral sobre La ciudad inca, sabe de lo que habla. “No resulta extraño que Pachacuti quiera ser enterrado allí. El arqueólogo Luis G. Lumbreras asegura que hay bóvedas para un enterramiento importante”.
*Fuente. El País
sábado, 3 de marzo de 2012
La importancia de la mujer en la sociedad mexicana
Algunos de los deberes que tenían las mujeres mexicas de alto rango al interior de sus hogares, como realizar rituales de guerra para el triunfo de sus maridos y combatientes, o su rol de educadoras en instituciones de enseñanza, como el calmécac y el tepochcalli, serán dados a conocer este sábado en la última conferencia del ciclo conmemorativo al 34° aniversario del hallazgo del monolito de la diosa Coyolxauhqui, que se realiza en el Museo del Templo Mayor.
La investigación, encaminada a profundizar en la educación femenina en la antigua Tenochtitlan, es una de las primeras en abordar esta temática, pues si bien existen antecedentes sobre la instrucción de los mexicas —realizadas por los historiadores y escritores Miguel León-Portilla, Alfredo López Austin y José Rubén Romero—, no había alguna que se dedicara particularmente a las mujeres.
El estudio será presentado el próximo 3 de marzo en dicho foro académico, organizado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) para dar a conocer nuevas investigaciones en torno a esta civilización prehispánica, donde el historiador Miguel Pastrana Flores, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), impartirá la ponencia El corazón del hogar. La educación femenina entre los mexicas.
Al respecto, el investigador adelantó que las mujeres mexicas tenían un rol importante, tanto en la cotidianidad y en sucesos relevantes de la familia —como administradoras de los bienes del hogar y dirigentes de rituales al interior del mismo—, así como en el ámbito social, en el que se desempeñaban como educadoras.
“Su papel era de suma importancia, porque complementaba las funciones que el hombre hacía al exterior de la comunidad, como las guerras, las conquistas, los rituales públicos y el cobro de tributos; el sector femenino por tanto se ocupaba de las actividades internas, como los rituales hogareños, los códigos de comportamiento, el arte culinario, la administración de los bienes de la casa y el desarrollo económico de cada familia, al ser las encargadas de la producción de textiles y de diversos productos para el trueque”.
Miguel Pastrana abundó que el sector femenino de Tenochtitlan tenía desde la infancia la obligación de ser “el centro de conciencia y equilibrio de la familia, como lo refiere un fragmento de las crónicas de fray Bernardino de Sahagún, donde se describe el nacimiento de una niña a quien la partera indica, frente a las demás mujeres de la comunidad, que deberá ‘ser el corazón de su hogar’, en referencia a que la mujer deberá ser el equilibrio y soporte de su estirpe.
“En el caso de las mujeres pillis, que eran aquellas que pertenecían al alto rango social tenochca —y a las que se enfoca el estudio—, éstas estaban destinadas a ser las futuras esposas de jefes guerreros, altos funcionarios y gobernantes mexicas, por lo que recibían dos tipos de educación: la práctica, utilizada para la vida cotidiana, y la ritual, que se desarrollaba en días o circunstancias específicas y, que a su vez, incluían el aspecto religioso”, explicó el especialista del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM.
Respecto a la educación ritual, indicó Pastrana Flores, las mujeres debían mantener limpio el hogar y hacer diariamente ofrendas con hule, copal y alimentos, que se colocaban en el altar que cada hogar tenía; así como convocar y dirigir a los demás miembros de la familia a participar en su cuidado y en las oraciones cotidianas.
“Un ejemplo de estas actividades eran los rituales realizados dentro de las casas de los guerreros o cobradores de tributos poco antes de que partieran. La esposa se ponía pintura facial con tizne y se vestía con ropas viejas y maltratadas, buscando que su apariencia fuera de tristeza y angustia; se ofrecían cantos y oraciones a los dioses pidiendo la bienaventuranza de los guerreros y triunfo en sus campañas.
“Al regreso del hombre, la mujer realizaba otro ritual, en este caso de bienvenida, para agradecer a los dioses la victoria y el retorno de su esposo; se ofrendaban guisos finos (con alimentos restringidos a la población común), se utilizaban ropas elegantes con tejidos delicados y diseños hechos con plumas, y en ocasiones se ofrecían algunos de los productos que el combatiente o recaudador de tributos traían de su expedición”.
Por otro lado, la enseñanza práctica que recibían las mujeres pillis se orientaba a fines cotidianos, entre ellos realizar tejidos e hilados finos, y tener una magnifica preparación culinaria que abarcara suculentas comidas hechas con ingredientes exclusivos para personas de alto rango, como la carne de pelícano o el chocolate.
Además, añadió Miguel Pastrana, debían saber los códigos de comportamiento y expresiones del lenguaje corporal según las circunstancias o los lugares (hogar, templo, adoratorio), así como hacer actividades de aseo, como barrer diariamente la casa a primera hora con la intención de “sacar todos los pecados y vicios del hogar”. Al mismo tiempo las pillis se encargaban de la administración de las telas, joyas y alimentos al interior de la casa.
El historiador dijo que a partir de fuentes documentales, como los códices Florentino y Mendocino, textos de conducta o huehuetlatolli (que significa “antigua palabra” o “plática de ancianos”), así como diversos escritos de cronistas españoles, como fray Bernardino de Sahagún, Diego Durán, Jerónimo de Mendieta y Juan Baptista de Pomar, se sabe que los hogares de alta jerarquía de la sociedad mexica eran polígamos, es decir, los hombres tenían diversas mujeres, aunque sólo una era responsable y dirigente de los cuidados y actividades de la casa y el linaje de la familia.
Pastrana Flores añadió que de igual manera, en el texto Historia general de las cosas de la Nueva España, de fray Bernardino de Sahagún, se menciona que las mujeres también asistían a las escuelas mexicas, en un tipo de calmécac (colegio para personas de alta jerarquía) femenino, así como al tepochcalli (para gente común), aunque se desconoce qué se les enseñaba.
Por otra parte, en el Códice Florentino se indica que algunas señoras mexicas se hallaban al interior de los colegios, posiblemente fungiendo como maestras, algo que hasta el momento no se ha corroborado.
“Los niños tenochcas incursionaban en las escuelas entre los seis y nueve años de edad, hasta los 15 o 19, cuando egresaban ya como adultos. Según se lee en dicho códice, al ingresar a los colegios los infantes ‘eran recibidos por ancianas’; en otro apartado se menciona a las mujeres ofrendadoras y ritualistas al interior del lugar, lo que sugiere que tal vez una parte del sector femenino se dedicaba a impartir enseñanzas en dichas instituciones”, comentó el historiador.
Miguel Pastrana continuó que las fuentes históricas antes mencionadas también hacen referencia a la participación de las mujeres dentro de actos públicos religiosos, en los cuales aportaban las ofrendas, pintaban a los involucrados y oraban.
“El tema del papel de la mujer en la cultura mexica es sumamente interesante, pero complejo por la falta de documentación al respecto, puesto que ni los evangelizadores ni sus informantes indígenas lo registraron de manera amplia, aunque sí hacen referencias breves de la vida cotidiana, donde invariablemente ellas eran protagonistas, lo cual es una rica veta de investigación para la historia, la antropología y la arqueología”, concluyó Miguel Pastrana.
La última conferencia del ciclo conmemorativo al 34° aniversario del hallazgo de Coyolxauhqui, se dictará el próximo sábado 3 de marzo a las 10:00 horas en el Auditorio “Eduardo Matos Moctezuma”, del Museo de Templo Mayor, ubicado en la calle de Seminario 8, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Entrada gratuita.
*Fuente. INAH
lunes, 6 de febrero de 2012
Actualización de los paseos virtuales
lunes, 23 de enero de 2012
Ciclo de conferencias "Religión indígena colonial"
El Posgrado en Estudios Mesoamericanos
y el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM
les extiende una cordial invitación a participar en el
Ciclo de conferencias sobre
"Religión indígena colonial",
que impartirán los doctores Sebastian van Doesburg y Michela Craveri
del 23 al 25 de enero de 2011,
de 17:00 a 20:00 hrs.
en el Aula Magna
del Instituto de Investigaciones Filológicas.
ENTRADA LIBRE
martes, 13 de diciembre de 2011
Hallazgo sonoro en objetos musicales prehispánicos
A partir de estudios de arqueoacústica, física, etnología e incluso ornitología (relativo a las aves), aplicados a 125 instrumentos musicales prehispánicos del área maya, un grupo de investigadores ha identificado que estos artefactos emiten sonidos cuya escala musical no corresponde a la occidental, es decir, tienen una gama propia, que preliminarmente los expertos han definido como “tipo maya”.
Dicha investigación se aplica por primera vez a ese conjunto de objetos, que forman parte de la colección permanente de la Sala Maya del Museo Nacional de Antropología, con la finalidad de recuperar el patrimonio intangible escondido en las cavidades de flautas, ocarinas, silbatos, trompetas y cornos, elaborados en cerámica o con las conchas de caracoles; en la superficie de caparazones (de tortugas) hechos sonar con percusión; en el golpeteo directo sobre tambores o en el sacudimiento de cascabeles y sonajas.
Luego de año y medio de desarrollo de este proyecto, emprendido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), los especialistas han identificado posibles resonancias empleadas por los antiguos mayas, de manera particular en ceremonias funerarias o agrícolas, para atraer la lluvia e imitar o cazar aves.
Es a partir de la ejecución de estos instrumentos prehispánicos, por parte de músicos de conservatorio —que también tocan instrumentos indígenas actuales—, como los investigadores buscan en los entramados sonoros de cada instrumento todas las escalas para hacerlo escuchar, de los cuales efectúan un registro sonoro, mismo que ha permitido identificar rangos entre los tonos y semitonos musicales.Mediante esta metodología, se ha determinado, por ejemplo, que entre las notas sol y sol sostenido emitidas por los artefactos mayas, los rangos detectados no corresponden a la música tocada con la escala occidental, gama que los expertos han definido como un posible tipo de “escala maya”.
Asimismo, se creía que la mayoría de las flautas prehispánicas ejecutaban escalas pentatónicas, es decir de cinco notas, que son las más simples y rudimentarias en la escala musical; ahora se está comprobando que varios de estos instrumentos de viento emiten rangos de sonido mucho más extensos, de manera que su análisis es muy complejo, como el caso de una flauta triple de la cual se obtuvieron 600 rangos sonoros.
El ejercicio anterior, denominado arqueología del sonido o arqueoacústica, es aplicado por primera vez en las colecciones del MNA, como parte de un proyecto emprendido con el fin de “renovar la visión que se tiene de las piezas, a través de estudios recientes auxiliados con la nueva tecnología”.
Diana Magaloni, directora del MNA, detalló que este tipo de piezas del museo están registradas y catalogadas, sin embargo hacía falta un estudio de los objetos que pudieron funcionar como instrumentos musicales, ya que la mayoría de las investigaciones estaban enfocadas en su naturaleza arqueológica, sin considerar los elementos intangibles.
El proyecto de investigación de instrumentos musicales prehispánicos del Museo Nacional de Antropología, es encabezado por Francisca Zalaquett, investigadora posdoctoral del Centro de Estudios Mayas de la UNAM, quien ha trabajado de manera conjunta con la arqueóloga del INAH Federica Sodi Miranda, especialista en dicha civilización, así como con un equipo de investigadores de ambas instituciones, para estudiar uno por uno los 125 instrumentos musicales que se exhiben en el MNA, en el espacio dedicado a esta cultura prehispánica.
Una vez concluido el análisis de dichas piezas, que lleva 90% de avance, éste continuará con los objetos de este tipo que se hallan en las salas Culturas del Golfo de México y Mexica, dos de las más ricas en instrumentos musicales del Museo Nacional de Antropología. En la primera se calculan alrededor de 200 objetos creados para hacer sonidos, y en la segunda 40.
Francisca Zalaquett recordó que los instrumentos musicales prehispánicos mayas están clasificados por los especialistas en tres grupos: idiófonos (su generador de sonido es el propio cuerpo que vibra, como los cascabeles y las sonajas); membranófonos (suenan a partir de una membrana que vibra, como los tambores que se hacen oír con golpes directos); y aerófonos (suenan con el aire oscilante).
Los aerófonos —detalló— tienen diversas subclasificaciones, hay flautas sencillas, dobles, triples o cuádruples, pueden ser de tubo recto, transversas, globulares, globulares múltiples; también trompetas, elaboradas con caracoles o en forma de caracol con barro o arcilla; ocarinas y silbatos.“En los acervos del Museo Nacional de Antropología hay una gran variedad de todas las clases mencionadas; la investigación de este patrimonio comienza en las fuentes históricas y con los antecedentes del contexto arqueológico en el que fueron recuperadas las piezas, luego se hace un reconocimiento de su estado de conservación por parte de un restaurador del INAH, y cuando es necesario, la antropóloga física Josefina Bautista toma radiografías para analizar de manera colegiada si es posible ejecutarlos y efectuar más estudios para conocer su técnica de manufactura.
“Si el estado de conservación lo permite, y dependiendo del instrumento, éste es tocado por músicos profesionales, como Roberto Carbajal, músico concertista de flauta, actualmente miembro de la Orquesta Sinfónica del Estado de México y estudiante de maestría en etnomusicología, quien ejecuta los aerófonos, utilizando sus conocimientos en técnica de alientos y la educación de su oído, hasta recuperar todas las posibilidades de tonos que pueda emitir cada uno”.
Los instrumentos se tocan dentro de una cabina portátil, diseñada por físicos del Laboratorio de Cibernética de la Facultad de Ciencias de la UNAM, con madera de triplay y una espuma que absorbe el ruido externo, lo que permite grabar las diferentes escalas que alcanzan, sin elementos que distorsionen el sonido.
En el caso de los aerófonos, durante la ejecución en cabina se aplican diferentes tipos de soplidos, mismos que se graban para luego hacer su análisis sonoro y registrarlos en tablas donde se describe el tipo de soplo realizado y qué sonido se emitió en cada caso. El número de resonancias que se llega a ejecutar varía en cada instrumento; por ejemplo, los silbatos han dado hasta cuatro tipos; las ocarinas hasta ocho o nueve; y con las flautas hay más variedad, la flauta triple de la Sala Maya del MNA dio 600 combinaciones.
Este novedoso estudio también se ha realizado en piezas del Museo Regional de Yucatán “Palacio Cantón”, el Fuerte de San Miguel, en Campeche y las bodegas de resguardo de acervos de la Zona Arqueológica de Chichén Itzá, en Yucatán, del Centro INAH-Campeche, de la Universidad Autónoma de Yucatán, y de la Zona Arqueológica de Calakmul.
Lo anterior con la finalidad de elaborar tablas de registro de escalas sonoras que ayuden a establecer los patrones sonoros de las diferentes áreas mayas, y poder compararlos con los de los instrumentos que alberga el MNA.
Datos como la representación de un sonido en la iconografía, los tipos de instrumentos musicales y su función en la sociedad mesoamericana ya han sido estudiados por diversos especialistas en fuentes documentales, etnográficas e iconográficas, pero no así el sonido. “En esta investigación se están grabando todos los sonidos posibles que puede emitir cada instrumento, y esa será nuestra aportación”, puntualizó Francisca Zalaquett.
El estudio nos está permitiendo establecer patrones sonoros relacionados con un significado, contexto social y momentos específicos de la vida cultural; con la ayuda de biólogos y ornitólogos también estamos ampliando el conocimiento sobre la relación entre los sonidos y las formas de muchos instrumentos.
“Hay una gran variedad de objetos modelados en barro con forma de animales; por ejemplo, ranas, que se encontraron enterradas como parte de ofrendas agrícolas, porque su canto se relacionaba con la lluvia; y una gran cantidad de especies de aves, como el búho, que se vinculaba al inframundo”, concluyó Zalaquett.
*Fuente. INAH
lunes, 5 de diciembre de 2011
Ciclo de conferencias: “Arqueología de las tierras altas y la costa de Guatemala y El Salvador”

El Centro de Estudios Mayas de la UNAM les extiende una cordial invitación para asistir al
Ciclo de conferencias
Miércoles 7 de diciembre
10:00 hrs.
Raquel Macario (Proyecto Etnoarqueológico Q’umarkaj)
Marie Annereau-Fulbert (Centro de Estudios Mayas, IIFL, UNAM)
“Investigaciones arqueológicas recientes en el sitio de Q’umarkaj, El Quiché, Guatemala”
11:15 hrs.
Sonia Medrano (Proyecto Arqueológico Samabaj)
“Samabaj, un sitio subacuático en el Lago de Atitlán”
Modera: Lynneth S. Lowe
12:30- 12:45 hrs. RECESO
12:45 hrs.
Carlos Navarrete C. (Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM)
“Un proyecto de Arqueología Etnohistórica: las salinas de San Mateo Ixtatán”
Modera: Mauricio Ruiz Velasco
Jueves 8 de diciembre
10:00 hrs
Margarita Cossich Vielman (Posgrado en Estudios Mesoamericanos, FFyL, IIFL, UNAM)
“Análisis tipológico de los malacates de la costa sur de Guatemala"
11:00 hrs.
Edgar Carpio Rezzio (Universidad de San Carlos de Guatemala)
“Estudios recientes sobre las fuentes de obsidiana en Guatemala: importancia en el intercambio prehispánico”
12:15- 12:30 hrs. RECESO
12:30 hrs.
Christa Schieber de Lavarreda y Miguel Orrego Corzo
(Parque Arqueológico Nacional Tak’alik Ab’aj)
"Entre el altiplano y la planicie costera: Tak'alik Ab'aj, la ciudad puente entre el mundo olmeca y maya"
13:45 hrs.
Paul Amaroli (Fundación Nacional de Arqueología de El Salvador)
“La influencia olmeca en el territorio de El Salvador: una reevaluación”
Moderador: Tomás Pérez Suárez.Viernes 9 de diciembre
10:00 hrs
Shione Shibata (Departamento de Arqueología, Secretaría de Cultura de El Salvador)
“Investigaciones Arqueológicas en Tazumal (2004-2011), El Salvador”
11:15 hrs.
Marlon Escamilla (Universidad Tecnológica de El Salvador/Universidad de Vanderbilt)
“Las migraciones diaspóricas nahua-pipil del Postclásico Temprano: una aproximación al paisaje cultural de la Costa del Bálsamo, El Salvador”
12:30- 12:45 hrs. RECESO
12:45 hrs.
Federico Paredes (Departamento de Antropología, Universidad de Pennsylvania)
“Símbolos locales y dinámicas regionales: la zona nuclear de las cabezas de Jaguar durante el Preclásico Tardío”
Modera: Carlos Álvarez Asomoza
Mesa de discusión
martes, 1 de noviembre de 2011
Documental sobre Calakmul
viernes, 14 de octubre de 2011
Conferencia: “El aporte del abate Brasseur de Bourbourg (1814-1874) a los estudios mayas”,

les extiende una cordial invitación para asistir a la conferencia:
“El aporte del abate Brasseur de Bourbourg (1814-1874) a los estudios mayas”,
que será impartida por la Dra. Nadia Prévost,
de la Universidad de Le Havre,
el próximo martes 18 de octubre a las 12:00 horas
en el Aula Magna del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM.
Esperamos contar con su asistencia.
martes, 11 de octubre de 2011
Defending a Jungle Kingdom
The Usumacinta River cuts a meandering path through a mountainous rain forest and forms part of an international border with Mexico on its west bank and Guatemala on its east. In the past, the land around the Usumacinta was criss-crossed by a constantly shifting web of borders as the rulers of ancient Maya cities fought wars and made alliances to expand the size and influence of their kingdoms. But little evidence of where the borders of these kingdoms actually lay had been found, until the recent discovery of a series of stone walls standing three to six feet high, strung out through a four-mile-long stretch of the rain forest. These walls, which divided the kingdoms of Yaxchilan and Piedras Negras, were used to defend Yaxchilan’s northern border. The walls provide important clues about the military tactics as well as the causes of the fighting that took place during the tumultuous period 1,300 years ago when both cities were at the peak of their power.
When a research team made up of Charles Golden of Brandeis University, Andrew Scherer of Brown University, and archaeologists from Guatemala’s Institute of History and Anthropology came to the region in 2003, they were looking to excavate and document the ruins of the ancient towns and villages in the landscape between Piedras Negras and Yaxchilan. “Not a lot of people were looking for fortifications,” says Scherer, and they weren’t easy to find. The walls themselves appear to be little more than piles of stone covered with fallen leaves and jungle vegetation. “It was only over time that we started recognizing them for what they were.” Part of the credit for that insight goes to the Guatemalan guides and park rangers who worked with the project, many of whom fought in this area during the Guatemalan civil war that took place in the 1980s and 1990s. The hilly terrain made the area near the Usumacinta a good hiding place for the combatants who were resisting the Guatemalan government. Conversations with these fighters helped the archaeologists think in military terms about how the landscape might have been used, which in turn helped them discover where more walls were located.
The rough terrain limits the routes that a person can easily walk through the area. Once the archaeologists knew what they were looking for, finding the walls became easy. Just outside of Tecolote, an ancient town 10 miles north of Yaxchilan, every path seems to lead to a stone wall between two hills. Evidence of watchtowers on top of the hills indicates that soldiers had a place from which to watch for approaching enemies. “They are not building one super-wall. They are building little walls between all these little hills that they can control very easily,” says Golden. “It creates an easy funnel. They can catch anyone going south or north through the valleys.” The walls themselves would block the path of the enemy’s advance. “It’s a natural control point. This is where the Maya put their walls 1,300 years ago and this is where the front was in the civil war,” Scherer says. The ancient Maya warriors probably stood on the hillsides and on top of the walls, possibly taking cover behind a wooden palisade where they could hurl stones or spears at their enemies, who would have been at a severe disadvantage, bottled up in the narrow valley in front of the wall.
No evidence has been found of the walls being attacked, but the archaeological investigations are still in their early stages. Direct evidence of warfare in this region is sparse, possibly due to the speed with which human remains decay in the tropical environment. “It’s actually an interesting issue with the Maya in general. We don’t have a lot of skeletal remains that we can definitively attribute to war,” says Scherer. He notes, however, that there is a lot of skeletal evidence for human sacrifice, which may explain what happened to those on the losing side of a battle.
While other Maya kingdoms built defensive walls around some of their cities, this is the first known case of walls being used to defend a border. This innovation represented a radical shift in the 450-year-long history of warfare between the two kingdoms. It may indicate that the two cities were fighting for new reasons. When Yaxchilan first became the capital of a Maya dynasty, in A.D. 359, its population, as well as that of its neighboring cities, was small and centralized. People could stay close to the city and take advantage of opportunities for trade, attend religious rituals, and enjoy the protection of its army. Warfare in this early period may have been focused on controlling trade routes on and around the Usumacinta River. By the time the walls were built, the cities’ populations had grown much larger.
“In the Late Classic [around A.D. 700], populations start spreading out again, and I don’t think that it is any coincidence at all that that is when you start seeing these kinds of conflicts and attempts to control land,” says Stephen Houston of Brown University, who spent five field seasons digging at Piedras Negras. He believes that growing populations may have forced people to spread beyond the areas near the cities and look for new farmland and other sources of wealth.
Near the walls, the team has documented a series of these settlements: Chicozapote, La Pasadita, Tecolote, and El Túnel. The warriors who defended the border probably lived in these settlements with their families. The settlements were ruled by sajals, who were counselors to the king, administrators, and war leaders responsible for defending the border and leading attacks against the kingdom’s enemies. So far, the excavations have been concentrated at La Pasadita and Tecolote, which lie less than three miles away from each other. What the archaeologists have found is revealing important details about the part these settlements played in the political life of the Yaxchilan kingdom.
Construction at the border settlements seems to have begun during the reign of Yaxchilan’s king Shield Jaguar III. At the time he ascended the throne, Yaxchilan had been defeated and made subordinate to Piedras Negras. Shield Jaguar III was appointed to his post by a king of Piedras Negras known only as Ruler 4. For the first 40 years of Shield Jaguar III’s exceptionally long reign, he seemed to accept this arrangement, but something changed around 713. A carved stone monument in a temple in Yaxchilan’s western acropolis records a series of military victories over the rulers of nearby settlements including several allied to Piedras Negras. Extending the territory under its political control may have brought more wealth to Yaxchilan, but it also may have provoked some powerful enemies. The settlements along the border appear to have been built in a hurry, as if Shield Jaguar III were racing to protect his kingdom from an impending attack. According to Golden, “the palaces at Tecolote and La Pasadita go up in probably 25 years or less, all in one go. They are just throwing them up wholesale on the landscape.” The defensive walls were probably built around the same time.
The lack of archaeological sites dating to the Late Classic period in the territory north of Yaxchilan indicates that the area was essentially empty when the walls and nearby settlements were built, which allowed the king to place settlements strategically on the landscape and appoint whomever he liked to rule them. Scenes carved into the door lintels at Yaxchilan show that Shield Jaguar III’s successor, Bird Jaguar IV, appointed several new sajals during his reign. Likewise, a scene carved into a panel on a door lintel in La Pasadita’s largest building shows the town’s sajal and king Bird Jaguar IV standing over a lord who had been defeated in battle. The king’s prominent place on the monument suggests that Yaxchilan’s subordinate lords were under the king’s strict supervision.
On the other hand, the area south of Piedras Negras was occupied by smaller cities such as La Mar and El Cayo, which had their own royal families and whose loyalty had to be negotiated for or bought. Golden interprets these differences to mean that the Piedras Negras kingdom had a less rigid political structure. Its subordinate lords seem to have enjoyed more freedom and autonomy. In contrast, Yaxchilan seems to have been very authoritarian, and may have had steadier allies in better locations when the time came to fight.
Among the Maya, the victors literally did write the history. Rulers were proud to commemorate their successful military campaigns, while the losers typically did not record their defeats. To get a complete history of warfare between Yaxchilan and Piedras Negras, scholars have had to study monuments in both cities. But there is a mysterious 10-year gap in the historical record between the death of Shield Jaguar III and the ascension of Bird Jaguar IV to the throne. Archaeologists refer to this period as the “interregnum.” What happened during that period is still debated by scholars.
The only mention of a ruler in Yaxchilan during those 10 years comes from Piedras Negras, in a monument named Panel 3, which seems to be an attempt at propaganda as a response to Yaxchilan’s resurgence. The panel shows Ruler 4 meeting subordinate lords who offer him tribute, and one of them appears to be the “interregnum” king. “Ruler 4 seems to be scolding this ‘interregnum’ king of Yaxchilan and telling him ‘remember who put your father on the throne, and remember who’s the boss here,’” says Golden. The name glyph of this king is partially eroded, obscuring his identity, but his presence at Piedras Negras probably means that he was either captured in war or chose to make peace and ally himself with the rival city. Houston thinks the king was in Piedras Negras by choice, and that he was purposefully removed from the monuments of Yaxchilan. “Whatever this king was trying to do at Piedras Negras, it just went against the grain of Yaxchilan,” he says, “He is one of the very few historical figures who was so odious to his family an attempt was made to obliterate his memory.”
By 752 Bird Jaguar IV, the son of Shield Jaguar III by one of his lesser wives, ascended the throne. He picked up where his father left off, strengthening the border against Piedras Negras and expanding the city itself by putting up or radically altering more than a dozen buildings. Monuments at the site commemorate his 20 military victories over nearby settlements. The long years of warfare between the two cities finally ended in 808 when Yaxchilan’s king Tatb’u Skull III captured the last king of Piedras Negras, Ruler 7. A few years later Piedras Negras was overthrown, and parts of the city were burned. Archaeologists have found pieces of the king’s throne smashed to pieces inside the palace.
In spite of his victory, Tatb’u Skull III was the last king of Yaxchilan, but no one knows exactly when his reign ended. Over a period of years the population of Yaxchilan seems to have moved away from the city. About the same time, the defensive settlements of La Pasadita and Tecolote were abandoned. The walls that symbolized the kings’ desperate attempt to satisfy the need for land, security, and self-aggrandizement went unmanned. The kingdom may have become the victim of a demographic trend that the kings themselves had a hand in creating. “In order to have these communities out on the landscape, there couldn’t be daily interaction between the kings and the people they governed,” says Scherer. “These people out on the landscape had to have their own sort of leaders. One of the challenges that all state-level societies face is how you keep your subordinates from seeking power for themselves.” With the secondary settlements now able to provide security, land, and ceremonial centers for themselves, Yaxchilan may, it is theorized, have lost its attractive power. Its population dispersed across the landscape, and the city collapsed with no war to sustain it.
*Fuente. http://www.archaeology.org/1109/features/maya_warfare_yaxchilan_piedras_negras.html
miércoles, 14 de septiembre de 2011
Visita virtual al Machu Picchu
http://panoramas.pe/machupicchu100.html
jueves, 1 de septiembre de 2011
Descubren restos de milenario palacio maya
Evidencias de un palacio maya de principios de nuestra era, así como un entierro que data de entre el 900-1000 d.C., constituyen algunos de los hallazgos más importantes registrados recientemente en el sitio Plan de Ayutla, en Ocosingo, Chiapas, donde un grupo de arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) trabajan con miras a su apertura pública en 2012.
Los restos del antiguo complejo residencial, descubiertos en un patio hundido ubicado en la Acrópolis Norte de este asentamiento, cobran relevancia al convertirse en la primera manifestación arquitectónica de una ocupación tan temprana (50 a.C. – 50 d.C.) entre las antiguas urbes mayas de la cuenca del Alto Usumacinta.
El doctor Luis Alberto Martos López, director del Proyecto Arqueológico Plan de Ayutla, abundó que las evidencias más remotas de ocupación en esta área corresponden aproximadamente a 250 d.C., aunque algunos restos cerámicos encontrados en la misma zona son de al menos un siglo antes.
En ese sentido, anotó, “aquí ya tenemos estructuras asociadas a ese lapso, del año 50 antes de Cristo al 50 de nuestra era”; corresponden a lo que fueron cuartos con muros de casi un metro de ancho, cuyas esquinas están redondeadas, un rasgo temprano dentro de la arquitectura maya. Los restos de habitaciones —de las cuales dos son las que se han explorado—, se hallan sobre plataformas bajas y tienen escalones que dan a un patio.
Fue en una época posterior, cuando los mayas que habitaron este lugar desmontaron las piedras que alguna vez formaron cuartos, bóvedas y demás elementos arquitectónicos, para rellenar la plaza, subir el nivel y construir una plataforma sobre la que construyeron otros edificios, de manera que los restos del palacio temprano se preservaron al quedar debajo.
Las edificaciones que actualmente se hallan en pie y que son consolidadas por los arqueólogos del INAH, se construyeron entre 250 y 850 d.C., es decir, en los periodos Clásico Temprano y Clásico Tardío, cuando Plan de Ayutla debió jugar un papel político fundamental.
Aunque todavía se desconoce el nombre que tuvo Plan de Ayutla en tiempos prehispánicos, las hipótesis señalan que pudo ser la ciudad de Sak T’zi’, o bien, la urbe de ‘Ak’e. Sak T’zi’ (“Perro blanco”, en maya) está referida en monumentos grabados e incluso en pinturas murales. Aparentemente la batalla representada en los murales de Bonampak, refiere a la derrota que esta ciudad infligió a Sak T’zi’, en alianza con Yaxchilán, hacia 787 d.C.
Asimismo, ‘Ak’e fue el centro político del que partió el linaje fundador de Bonampak. Esta segunda tesis señala que el lugar que hoy se conoce como Plan de Ayutla estuvo subordinado en distintas etapas a Toniná, importante urbe con la que guarda rasgos similares en algunos elementos arquitectónicos, como la cancha de Juego de Pelota y las grecas que decoran los edificios.
“La importancia de Plan de Ayutla es que es un sitio intermedio entre Bonampak, Lacanjá y Yaxchilán, los estudios que estamos haciendo nos permitirán ahondar más en el conocimiento de la interacción e integración política de la región del Alto Usumacinta, una zona donde varios señoríos estuvieron en pugna, libraron batallas y formaron alianzas”, explicó el arqueólogo Luis Alberto Martos.
Los trabajos arqueológicos en esta zona también han permitido corroborar su larga secuencia de ocupación, que va de principios de la era cristiana a por lo menos el 1000 d.C., diez siglos reflejados en la arquitectura del lugar.
“Esta Acrópolis, la Norte, creció haciéndose cada vez más compleja. Tenemos edificios encima de otras construcciones, subestructuras que hemos ido descubriendo, evidencias de estructuras desmanteladas para construir nuevas. Es un sitio que tiene tres acrópolis y tres plazas principales, disposición que cumple con la cosmovisión maya de cielo, tierra e inframundo”, explicó Martos López.
La última fase de construcción en Plan de Ayutla, refirió, corresponde a 800-850 d.C., cuando grupos de origen chontal, que utilizaban una cerámica de pasta fina, reocuparon algunos edificios y levantaron otros.
En la más reciente temporada de campo se ha explorado la Estructura 4, “ésta se halla en una terraza previa a la superior, aparentemente era la zona donde se recibían comisiones de otras ciudades. También se han encontrado gran cantidad de metates, tal vez estas terrazas fungieron como áreas de servicio donde se almacenaban y preparaban alimentos”, comentó el investigador de la Dirección de Estudios Arqueológicos del INAH.
Las arqueólogas Susana Cruz Rivera y Karina González Hernández, quienes han investigado la Estructura 4, precisaron que ésta es del periodo Clásico Tardío (800 d.C.), pero tuvo una ocupación importante hacia 900-1000 d.C., momento del que data todo el material descubierto en la terraza: huesos, ollas, cajetes, molcajetes, metates y manos de metates, entre otros.
Hace unas semanas, comentaron, “descubrimos dos entierros cuya antigüedad corresponde a 900-1000 después de Cristo, se localizaron en una escalinata que fue modificada y en parte desmantelada, para adecuarla como una cista o caja para depositar los cuerpos”.
La primera osamenta corresponde a un individuo de sexo femenino, cuyos huesos se encontraron fragmentados debido a que con el paso del tiempo las lajas que cubrían la cista colapsaron y cayeron sobre ellos. A manera de ofrenda, le fueron colocadas dos manos de metate al pie de sus extremidades inferiores, y un metate al costado izquierdo del cráneo, además de dos figurillas femeninas.
El segundo entierro se encontró en un mejor estado de conservación; estudios de antropología física permiten precisar que la osamenta pertenece a un individuo de sexo masculino, quien murió aproximadamente a los 40 años de edad.
En este 2011 se prevé que las labores arqueológicas en Plan de Ayutla concluyan con la restauración de los edificios del sector oriente de la Acrópolis Norte, así como de algunas construcciones del área occidental. Para el año próximo, el programa de trabajo incluirá la consolidación de otra acrópolis donde residía la elite.
*FUENTE. INAH
jueves, 25 de agosto de 2011
Mayas tenían sistemas de captación de agua de lluvia
Desde 2009 arqueólogos mexicanos y alemanes están trazando y excavando de forma sistemática las antiguas murallas de la ciudad maya de Uxul. “Durante el proceso dimos con dos depósitos de agua de alrededor de 100 m2”, explica Iken Paap, directora del proyecto junto con el investigador Nikolai Grube y el arqueólogo mexicano Antonio Benavides Castillo.
El piso de este depósito de agua estaba cubierto de una capa de trizas de cerámica, cuidadosamente colocadas.
“La combinación de esta capa con una capa superpuesta de piedras calizas, probablemente tuvo la función de detener el agua de este lago artificial”, explican los científicos.
Esta estructura se construyó aproximadamente hace 1.500 años y es el primer ejemplo de tal construcción en el área Maya. “Excavaciones futuras mostrarán si el piso entero de la aguada (que tuvo una profundidad de alrededor de 2mts) estaba construido laboriosamente”, apunta el trabajo.
Estanques del tamaño de diez piscinas olímpicas
El término maya “uxul” significa en español “al final”. Karl Ruppert y John H. Denison de la Institución Carnegie de Washington la bautizaron así cuando descubrieron la ciudad en 1934. El nombre original de la ciudad aún no se conoce a día de hoy.
“Si Uxul estaba ‘en el fin del mundo’ en los años 30, no ha cambiado mucho desde entonces. Sólo se puede acceder a las ruinas por 120 km de pistas forestales a través de la Reserva de la Biosfera de Calakmul, lejos de cualquier asentamiento o carretera actual”, explica Paap.
Un pasado comercial floreciente
Lo que está cada vez más claro a medida que progresan los trabajos de excavación es que Uxul no estaba para nada “en el fin del mundo” o aislada en la jungla durante su apogeo en el período Clásico (250 – 900 d.C.).
La ciudad estaba ubicada en un área muy poblada entre las ciudades mayas de El Mirador al sur y Calakmul al noreste. Mantenía conexiones comerciales tan lejanas como con el sur de la actual Guatemala y la meseta central mexicana.
Los científicos de la Universidad de Bonn llegaron a la conclusión de que la ciudad estuvo poblada durante varias épocas de la cultura maya tras analizar la excavación y sus estratos de asentamiento. “Este año hemos podido excavar una secuencia de estratos situados a más de tres metros de profundidad y que abarca probablemente desde el período del Preclásico Tardío hasta el Postclásico”, explica Iken Paap.
“Durante esta primavera, por primera vez hemos encontrado tumbas que no han sido destruidas por ladrones de sepulturas en busca de cerámica y joyas de jade”, declara el investigador Nikolai Grube. “Esperamos que estos estudios y los que vengan acerca del sistema de distribución de agua potable y la historia de la vegetación nos proporcionen nuevos elementos para comprender el estilo de vida de la población de esta ciudad maya”.
*Fuente. http://www.bionero.org/ciencia/mayas-tenian-sistemas-de-captacion-de-agua-de-lluvia